Los sectores más afectados por este aumento son el de alimentos y transporte. Los productos básicos, como el pan, el arroz y el aceite, han registrado incrementos de hasta un 2.5%, mientras que el costo del transporte público ha subido un 2%, afectando directamente a los trabajadores y a las familias de menores ingresos.
Los analistas señalan que esta tendencia inflacionaria es el resultado de presiones externas, como el aumento en los precios internacionales del petróleo y la inestabilidad en los mercados de materias primas, sumado a factores internos como la devaluación de la moneda y los problemas de distribución debido a la escasez de combustible.
El gobierno ha emitido un comunicado en el que reconoce la situación y ha anunciado una serie de medidas para mitigar el impacto en la economía familiar. Entre estas medidas se encuentran el control de precios en ciertos productos y la posibilidad de subsidios para sectores vulnerables.
Sin embargo, los consumidores se muestran cada vez más preocupados por la persistente subida de precios, que ha erosionado su poder adquisitivo y generado incertidumbre sobre la capacidad del gobierno para controlar la inflación. Los expertos advierten que, de no tomarse medidas más drásticas, esta tendencia podría continuar en los próximos meses, exacerbando las dificultades económicas para gran parte de la población.